Cacao: fruto de dioses y hombres.

Según la cosmogonía Náhuatl, grupo de pueblos nativos de Mesoamérica, en el paraíso existía una bebida destinada únicamente al gozo de los dioses. Esta bebida, elaborada a partir del árbol más bello del cosmos, se guardaba con recelo por las deidades debido a sus propiedades mágicas. Encariñado con los humanos, el dios de la vida Quetzalcóatl ‘la Serpiente Emplumada’, decide robarle esta planta a sus hermanos y brindarla a su pueblo como regalo, para que los hiciese más sabios y sanos.  

Quetzalcóatl tomo el arbusto y lo plantó en la tierra pidiéndole al dios de la lluvia que lo alimentara y a la diosa del amor, que lo adornara con sus más hermosas flores. La planta dio frutos y Quetzalcóatl enseño a su pueblo a recogerlos, tostarlos, molerlos y preparar la bebida de los dioses obteniendo así Xocolatl, que traduce ‘agua amarga’. Esta bebida invadió con vigor el espíritu humano, haciéndolo más sagaz y más talentoso para las artes. El cacao se convirtió entonces en una bebida de dioses y hombres, divina para los mortales. 

Quetzalcóatl en el Códice Telleriano-Remensis, siglo XVI 

Los estudios más recientes indican que el origen de esta semilla se remonta a la cuenca del Río Amazonas hace más 5.300 años, dónde se asentaba la tribu Mayo-Chinchipe. Se piensa que los antiguos pobladores Suramericanos la habrían transportado hasta el actual territorio mexicano, donde tuvo su mayor auge, existiendo evidencias de su uso ritual por parte de la cultura Olmeca hace 3500 años.

Este alimento, se convirtió desde muy temprano en símbolo de riqueza e incluso fue usado como moneda de cambio entre culturas de la zona. Por aquel entonces, el Xocolatl era apreciado además como reconstituyente para dar fuerza, nutrir y despertar el apetito sexual, alargar la vida, estimular el sistema nervioso de los agotados, y mejorar la digestión. 

Cocían el cacao con agua y para endulzarlo, le agregaban miel silvestre o dulce de arce, aromatizándolo con un poco de vainilla, flores y especies como el clavo y la pimienta. Se dice que Moctezuma II, el último gran emperador azteca, recibió al conquistador Hernán Cortés con chocolate caliente, pensando que el personaje constituía la reencarnación de Quetzalcóatl.  

Fueron los colonos quienes transportaron a través del atlántico este fruto, dando pie a múltiples descubrimientos de la ciencia occidental sobre las bondades de sus propiedades y a una larga tradición chocolatera que hoy se mantiene en muchos países del mundo.  

Su cautivante historia y orígenes convierten este ingrediente en uno de nuestros favoritos de siempre. Además de los efectos espirituales y físicos del cacao como manjar, la mantequilla de cacao, una sustancia oleosa que se extrae de los granos de cacao, representa un delicioso y milagroso mimo para la piel.  

Es un perfecto antiedad por sus propiedades antioxidantes y altos niveles de vitamina E; ayuda en el tratamiento de la celulitis, por su contenido de cafeína tonificante; es rica en fitoquímicos y ácidos grasos que nutren y mejoran la elasticidad de la piel ayudando a crear una barrera protectora para retener la humedad; es calmante, emoliente, y brinda una profunda hidratación con altos niveles de serotonina y endorfinas que cuidan con delicadeza y delicia las pieles sensibles de los efectos ambientales externos. 

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